Segunda carrera de motos de época de Avilés

La época dorada de las carreras de motos por las calles de Avilés se remonta a la década de los años 60 del siglo pasado; entonces se corría por el antiguo paseo de las Rederas, entre cajas de madera y bajo la mirada inquisidora de las mujeres que cosían las redes. Historia al margen, las carreras motociclistas han vuelto con fuerza a la ría. Ya las hubo el año pasado y fue tal el éxito que la organización (Motayco) decidió repetir. Las pruebas se disputaron ayer y atrajeron a cientos de espectadores, entusiasmados con el ruido, la velocidad y el olor a gasolina que dejan a su paso unas motos que parecen de museo pero que corren como balas.

Asturias es una región muy motera, según afirman los aficionados a las «2 ruedas». Pero el circuito más cercano para poder correr está en Valladolid y hasta ahora las motos clásicas no tenían carreras ni concentraciones. Por eso, Motayco, el grupo de moteros de Avilés y comarca, decidió que era hora de recuperar la tradición de corerr por las calles de Avilés. Los cascos, los trajes protectores y los guantes han mejorado desde aquellas carreras pioneras por la ría, pero las motos que ayer zumbaban por la avenida del Conde de Guadalhorce parecían sacadas de posters de los años 80.

El requisito para poder participar en las carreras de ayer era simple: ninguna moto construida después de 1980. Mantener una moto clásica no requiere solo dinero y buenas piezas, también tiempo y dedicación. «Es algo que va más allá de lo deportivo, porque estas motos simbolizan cómo era la vida hace 40 años y cómo corrían entonces los pilotos», explica Tino Barbosa. Él es miembro de un club de Colloto y empezó en este mundo «por culpa de un amigo».

La culpa de que una vez al año se monte un circuito en las calles de Avilés la tiene Juan Hoyos. «Yo fui el que metió a todos en el lío; tenía en casa motos antiguas que quería reparar, y así empezó todo», explica. Aunque admite que el mantenimiento de uno de estos vehículos es costoso. Además, los motores de estas máquinas tienen un gran riesgo de dañarse en las carreras y a veces fallan y dejan tirado a los pilotos en la parrilla de salida. Por eso, los conocimientos de mecánica y la paciencia para encontrar repuestos son imprescindibles.

Las motos que corrieron ayer por la ría avilesina no tienen alumbrado ni están matriculadas, por lo que no pueden rodar en carretera. Alcanzan velocidades de más de 130 kilómetros por hora cambiando los desarrollos y los piñones… pero les cuesta frenar. No obstante, a ninguno de los que las conducen parece importarle mucho ese «detalle». Para ellos lo importante es el olor a aceite quemado y correr, correr muy rápido, encima de una obra de arte de la mecánica. Aunque a veces tarden un poco más de lo debido en frenar.

Categorias:

  • Motocicletas de 2 tiempos de hasta 175 c.c. y de 4 tiempos hasta 250 c.c. El ganador fue Antonio Molina Alonso.
  • Motocicletas de competición de 2 tiempos y de cilindrada superior a 175 c.c. y hasta 250 c.c. y de 4 tiempos con cilindrada entre los 250 c.c. y 350 c.c. El ganador fue Rubén Francisco Castro.
  • Motocicletas de 2 tiempos y cilindrada entre 250 c.c y 400 c.c. y de 4 tiempos con cilindradas entre 300 c.c. y 500 c.c. El ganador fue Maximo Llanedo Blanco.
  • Motos europeas tipo «sport» de 2 tiempos entre 350 c.c. y 500 c.c. y de 4 tiempos de cilindrada no superior a 500 c.c. El ganador fue Javier López Cuervo.

 

 


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